viernes, 23 de agosto de 2013

River volvió a sonreír en el Nuevo Gasómetro

En el fondo, River festejó la victoria con un poco de timidez, como quien se siente algo culposo. Lo ganó con armas nobles, sí, pero sin reparar en las formas y con un segundo tiempo en el que de a ratos terminó metido contra su área, con la postura con que antes los equipos chicos iban al Monumental. Si se repara sólo en el resultado, su visita al Nuevo Gasómetro fue más que fructífera: el 1 a 0 lo dejó muy bien parado en busca de los octavos de final de la Copa Sudamericana. En la revancha, el 5 de septiembre en Núñez, le alcanzará con un empate para esperar al ganador de la serie entre Loja y Nacional, que ayer empataron 0 a 0 en la ida.

Ramón Díaz archivó las formas, el estilo, el viejo paladar negro. Y River fue un equipo áspero, corredor, que procuró cerrar filas y proteger su área antes que buscar el arco contrario. Su plan seguramente contemplaba la posibilidad de aprovechar alguna pelota parada o algún contragolpe. Y River usufructuó del mejor de los modos el primer tiro libre que tuvo a favor cerca del arco rival, a los 17 minutos. Jonathan Fabbro, un talentoso que tiene una gran visión del campo pero que todavía está lento de movimientos, le pegó con malicia. Alvarez dejó un rebote que se pareció mucho a un regalo, los defensores no lograron despejarla y Jonatan Maidana anotó el gol que quebró la paridad. Otra vez una pelota parada amargó a San Lorenzo, peligrosamente habituado a sufrir por esa vía.

A diferencia del clásico anterior en el Nuevo Gasómetro en el que San Lorenzo apabulló tácticamente a River en el Torneo Final y le ganó 2 a 0, ésta vez el local le imprimió menos vértigo al juego -menos presión, menos ataques por las bandas- y el equipo de Díaz hizo pie durante el primer tiempo.

La presencia desde el minuto inicial y el aporte de Matías Kranevitter en el mediocampo bien podrían resumir el modo con el que River afrontó el partido: con espíritu solidario, realizando un esfuerzo infatigable y tratando de no dejarle espacios al rival.

Todo San Lorenzo le reclamó a Mauro Vigliano por haber anulado -a instancias del asistente Iván Núñez- un gol de Correa luego de que Chichizola demorara más de la cuenta en una salida, pero el árbitro acertó porque hubo una mano previa del juvenil sobre el cierre del primer tiempo.

El principal error de River fue haberse retrasado tanto en la etapa final. Cauteloso en demasía, le regaló el terreno y la pelota a un San Lorenzo que siguió equivocando los modos de atacar a excepción de cuando lo buscó a Gonzalo Verón.Abierto sobre la derecha, Verón ratificó que tiene una gambeta difícil de descifrar y complicó seguido. Incluso hasta a Leonel Vangioni, quien había sido de los mejores valores de River en el primer tiempo.

A San Lorenzo le faltó profundidad y sólo inquietó con un par de centros que cruzaron toda el área chica sin que nadie la pudiera empujar. Además, desaprovechó dos tiros libres bien cerquita de la medialuna. Y River se sostuvo en los anticipos de Alvarez Balanta, en la concentración permanente de Maidana y en la capacidad de Ledesma para cortar y jugar.

Si se hubiera animado, River hasta le podría haber hecho otro gol de contra porque San Lorenzo quedó muy jugado al ataque. Pero prefirió dejar abandonado allá arriba a Mora y defender el triunfo como diera lugar. Y, al menos ayer, le dio para muy poco.

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