martes, 27 de agosto de 2013

Quilmes festejó ante San Lorenzo en un partidazo

Va y viene San Lorenzo. Disfruta y padece. Tira un caño y desnuda alguna carencia. Tiene eso el equipo de Juan Antonio Pizzi. Vive la contradicción entre sus intenciones, sus argumentos y todo aquello que todavía no hace. Y Quilmes, con su manual de utilidades y alguna pincelada de Miguel Caneo, lo puso nervioso, lo impacientó y le ganó. Con hechos. Con goles, el último, un bombazo de otro planeta.

Cuenta con jugadores de buenos pies San Lorenzo, pero a veces pierden de vista el sentido colectivo. No entienden lo que pide el partido. Se hacía ancho por Julio Buffarini y Emmanuel Mas, pero se repetía por el medio. Y muy pronto, sufrió con el karma de la pelota parada, el precio de la apuesta ofensiva. Un tiro libre del Chino Benítez que peinó un defensor de San Lorenzo le quedó servido a Fernando Telechea que, de atropellada, marcó el primer gol de Quilmes cuando empezaba a armarse el partido.

El jugador más determinante de San Lorenzo fue Gonzalo Verón. Tocó menos la pelota que Leandro Romagnoli y Angel Correa, pero generó mucho más que sus compañeros. Un rato después del grito de Quilmes, quedó mano a mano con Sebastián Peratta. Encaró a pura velocidad, pero el arquero lo esperó. Y tapó con el pecho el remate del ex jugador de Italiano.

Pero tuvo revancha el joven atacante. Y marcó un gol espectacular. Le metió un caño a Sebastián Martínez en el vértice izquierdo del área, hamacó su cuerpo y definió con un tiro a colocar que, esta vez, dejó estéril a Peratta. Fue el empate de San Lorenzo. Justo, en definitiva, por lo que se había observado a lo largo del encuentro.

Claro que Quilmes tiene a Caneo, el único capaz de encender la luces de un equipo que no estaba haciendo uso de la tenencia y no mordía por los costados, esos que explotaba San Lorenzo.

Y después de que Telechea se la bajara con el pecho, hizo lo que ninguno de sus otros diez compañeros, en su lugar, hubiera podido imaginar. Con su exquisito pie derecho habilitó a Abecasis y el rosarino definió con un remate cruzado que lo llevó hasta las lágrimas por la emoción del primer gol.

San Lorenzo había salido demasiado tibio a jugar el segundo tiempo. Reaccionó con el 2 a 1 y logró el empate tras otra jugada bárbara de Verón, una guapeada por izquierda que terminó con la famosa ley del ex, un gol de Cauteruccio. Pero se desordenó San Lorenzo. Y se expuso al contraataque de Quilmes. A tal punto que Sebastián Torrico se transformó en un jugador vital. Justo cuando los hinchas tanto habían cuestionado a Cristian Alvarez, el mendocino tapó tres pelotas notables. Primero, salvó ante un cabezazo de Telechea. Después del empate, se lució frente a Arnaldo González y Joaquín Boghossian.

De esa atajada ante el uruguayo llegó el córner que derivó en el golazo de González, un derechazo que dibujó la tercera derrota en cadena de San Lorenzo (tomando en cuenta la Copa) y produjo un hecho histórico: por primera vez, perdieron los cinco grandes el mismo fin de semana. A Quilmes poco le importó este dato. Y celebró con todo. No era para menos, justo en el día del hincha cervecero.

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