viernes, 19 de julio de 2013

San Lorenzo dio inicio a su sueño con un triunfo

Es tiempo de rearmar el viejo rompecabezas. Se quedaron sin algunas piezas, llegaron otras. Es tiempo de probar cuáles encajan mejor. Y eso se percibe incluso más allá de los nombres. Es una verdad que ofrece el campo de juego: San Lorenzo y Estudiantes viven en días de formación, abrazados a ese entusiasmo nuevo que antecede al inicio de cada temporada.

A juzgar por lo observado bajo el cielo del Nuevo Gasómetro no es tiempo de conclusiones definitivas; apenas de aproximaciones respecto de lo que uno y otro podrán ofrecer en el Torneo Inicial que se avecina. A simple vista, San Lorenzo parece más armado. Por una razón sencilla: no se quitó de encima a ningún futbolista clave y se reforzó considerando las carencias de los días recientes. Un buen síntoma: si al equipo que terminó cuarto en el Final le faltaba contundencia, la llegada de Martín Cauteruccio -de destacado paso por Quilmes- parece apropiada a los efectos de mejorar en ese rubro. Dos indicios a favor: primero, llegó en el contexto de una expectativa grande pero no necesariamente de presiones extremas y los aplausos de los hinchas apenas ingresó al campo de juego sirven de testimonio al respecto; segundo, algunos movimientos del centrodelantero alimentaron ese entusiasmo: es potente y está siempre agazapado, como el típico atacante que del gol vive; de una maniobra suya nació la jugada más peligrosa del primer tiempo (remate en el palo).

Lo de los otros nuevos del equipo de Juan Antonio Pizzi no permiten definiciones terminantes. Fernando Elizari se movió por la izquierda, con libertades, con astucia. Un detalle que le agrada al entrenador: genera -como anoche- infracciones cerca del área que le permiten al equipo encontrar situaciones de peligro. El regresado Néstor Ortigoza es, en apariencia, el mismo de siempre: un volante central con notable precisión y capacidad de liderazgo.



Hay otros indicios favorables: Gonzalo Verón ya es una certeza. Tiene con qué sostener la responsabilidad de la titularidad. Junto a Elizari y a Alan Ruiz pueden ofrecer fútbol asociado. Tres futbolistas de buen pie, que pisan el área, que llegan al gol. Afuera, como variante, asoma Leandro Navarro y esa pegada que le vale un apodo: La Bomba.
Lo de Estudiantes es otro proceso formativo. Está en plena etapa de reconstrucción. Sin dos de los viejos símbolos (Rodrigo Braña y Leandro Benítez se fueron a Quilmes) y a la espera de Juan Sebastián Verón, el técnico Mauricio Pellegrino sigue haciendo pruebas. Como contra Boca (en la derrota 2-1 en La Plata), intentó darle una identidad al equipo. Tiene algunas prioridades: el orden defensivo a rajatabla, la intensidad para recuperar la pelota y la voluntad de posesión. Todo dentro del marco del esquema de moda, importado de Europa: el 4-2-3-1. No es casualidad: Pellegrino, como Pizzi, recorrió buena parte de su carrera en ese continente. Y son frecuentes seguidores de las Ligas de elite.

Entre las caras nuevas, se presentó el defensor Ernesto Goñi. Acostumbrado en Quilmes a jugar como lateral izquierdo, actuó como marcador central. No se sintió cómodo y padeció la velocidad de Verón y la movilidad de Cauteruccio. Otro de los refuerzos, Jorge Luna, volvió a ser lo mejor del equipo. Por su pegada, por su capacidad para encontrar espacios libres. Pero son indicios, apenas eso.

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