jueves, 2 de mayo de 2013

Boca logró un triunfo clave para volver a ser


Y en una noche de Copa, Boca encontró un motivo para volver a sentirse Boca. Con esos mandamientos que lo llevaron a la cúspide de América. Luchó cada minuto como si fuera el último. Y ganó por el oportunismo de Blandi para viajar a Brasil con una diferencia exigua, es cierto, pero suficiente para soñar con esa Libertadores que supo conseguir a lo largo de esa riquísima historia que, en gran parte, se escribió con el trazo de Carlos Bianchi. Justo en la antesala del Superclásico con River.

Lo sabía este Boca de tropiezos frecuentes. Esta cita frente a Corinthians -verdugo en la última final; defensor del título- resultaba (y resultará la revancha) un punto de inflexión en el recorrido de este ciclo de Bianchi que poco o nada se parece a sus antecedentes. Por eso, el mensaje fue inequívoco. "Es esto o nada", se sostenía en la intimidad del plantel en el de la antesala de anoche. Y así procuró jugar Boca, a pesar de la ausencia menos deseada: la del crack, la de Román.

Fue un duelo disputado en pocos metros entre dos equipos cortos, con escasas llegadas y diferencias breves. Con un rasgo, por encima de todo, que los hace similares: ninguno está dispuesto a regalar nada. El Corinthians de hoy se parece bastante al Boca de ayer. Tiene unas cuantas particularidades del Boca copero de antaño. Sabe manejar los momentos el conjunto brasileño. Equilibra el partido incluso en un territorio fervoroso como la Bombonera y no tira la pelota a la marchanta, más allá de inquietar poco en el arco ajeno. Y este Boca que anoche se pareció a aquel viejo Boca no jugó a la desesperada. Fue un poco más que su rival y mejoró respecto a partidos anteriores.
Le faltó Riquelme, es verdad. Y esa ausencia no sólo se percibe desde un esquema sin enganche. Porque juega en la cabeza de la gente, que se lamenta porque el "10" está en un palco, y también, en la del rival, que se mueve despojado de esa la preocupación que implica padecer el talento de Román.

En ese contexto, el que asumió el rol protagónico fue Erviti, aún sin lucirse, pero no se vio la mejor versión de Sánchez Miño y el equipo, en ese lapso, no tuvo la profundidad necesaria de volantes ni laterales. Así y todo, estuvo más cerca Boca por un par de cabezazos pudieron haber vencido a Cassio mucho tiempo antes. Sin embargo, el arquero anticipó a Blandi y Burdisso remató muy alto.

Agazapado, seguro en defensa, Corinthians lastimó con alguna contra rápida, pero casi no tuvo chances frente a Orion. Y el segundo tiempo, era apenitas mejor Boca, pero no le encontraba la vuelta al partido. Hasta que Clemente y Sánchez Miño combinaron por la raya y Erbes metió la pelota en el área. Y ahí estaba Blandi, con olfato de goleador, para poner a Boca en ventaja. Retrocedió, entonces, el equipo local. Se hizo más corto que nunca y obligó a Corinthinas a jugar en el territorio que menos cómodo se siente porque su mayor virtud es la capacidad defensiva y su contraataque letal. Y pudo haber empatado el campeón del mundo. Pero el tiro de Guerrero pegó en el palo. Incluso a pesar de la infantil expulsión de Ledesma, la suerte, ese antiguo aliado, volvió a acompañar a Boca. Como en aquellos buenos viejos tiempos.

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