martes, 30 de abril de 2013

Rafaela dejó a Lanús sin la punta del torneo


¿Vuelve Lanús a tropezar con la misma piedra? Sería apresurado dictar sentencia ya mismo, pero la falta de gol de sus delanteros y cierta incapacidad para resolver los partidos que, al comienzo, se presentan favorables, puede atentar nuevamente contra sus pretensiones de ser campeón. Y aunque se sostiene como el único invicto del torneo Final, es sabido que cuando se ingresa en la red de las definiciones no alcanza con sumar de a un puntito.

Vale aprovechar lo instalado que está en el boxeo en la Argentina de estos tiempos -mérito absoluto de Maravilla Martínez- para explicar qué le sucedió a Lanús para irse al descanso del entretiempo sólo con un empate.

Al equipo de Guillermo Barros Schelotto le faltaron un par de manos picantes, algún golpe de nocaut que mandara a la lona a Rafaela y le permitiera ganar por la vía rápida. Los santafesinos, reconociéndose dominados y temerosos de que el local los siquiera castigando con un dominio persistente, se defendió desde la mitad de la cancha hacia su arquero y esperaron un descuido en la guardia del rival para establecer la igualdad en el marcador.

Se sabe que Lanús es un conjunto armado para atacar. Por eso el Mellizo resigna un mediocampista o un enganche como Chávez para ir al frente con tres delanteros, como son Romero, Díaz y el uruguayo Regueiro. Antes de que se cumpliera el primer cuarto de hora, el local festejó la apertura del marcador. Un tiro de esquina de Ayala fue conectado por Izquierdoz -volvió al equipo en reemplazo de Araujo- y la pelota se hizo imposible de controlar para Sara. Otra pelota detenida que desperdició Goltz, un disparo de Regueiro que rebotó en Díaz y un desborde de Díaz que no pudo Romero desviar al gol reflejaron el dominio absoluto de uno sobre otro.

Frente a este escenario, Rafaela aceptó su condición de inferior y se resignó a seguir con la mirada de sus futbolistas cómo el balón iba de Izquierdoz para Goltz, de Goltz hacia Vizcarrondo y vuelta a empezar. Pero, como tantas veces, cuando la diferencia en el marcador es tan estrecha, un acierto propio o un error ajeno alcanzan para encontrarse con la igualdad. Serrano transformó en contraataque una pelota sin destino en la zona del círculo central y Jonathan López, con una resolución exquisita, sometió a Marchesín con un disparo que se clavó en un ángulo.

El segundo tiempo cambió totalmente. Como si el piñazo de López hubiese dejado huellas en la estructura del Granate, Rafaela aprovechó el envión y se paró de un modo diferente para afrontar el complemento. Temprano, sobre el minuto 11, volvió a tener López una oportunidad de oro para ponerse en ventaja. Pavetti, tras una jugada con pelota detenida que Jorge Burruchaga ya ordenaba en los tiempos de entrenador de Arsenal, y Federico González anduvieron tuteándose con el segundo.

¿Y Lanús? Desconocido, como deshilachado y sorprendido por el rendimiento del rival. Barros Schelotto decidió robustecer la ofensiva con Pereyra Díaz y mejorar en la zona de creatividad con el Pochi Chávez.

Escaso beneficio trajeron las variantes. Pereyra Díaz no conectó con precisión un centro pasado de Regueiro y, apenas antes del último pitazo de Pompei, Domínguez evitó la derrota con un cruce sobre la línea. Fue empate. Y a Lanús no le hizo ninguna gracia

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