domingo, 17 de marzo de 2013

San Lorenzo toca el cielo con las manos


Se trata de fútbol. De una pelota sobre el césped y dos equipos de once jugadores. Pero se hablaba poco del juego en la previa del partido en Santa Fe. En el Cementerio de los Elefantes, escenario de la polémica hace un par de años nada más cuando Colón arrastraba una racha negativa y los futbolistas decidieron retirar la imagen de la Virgen de Guadalupe que vigilaba a todos desde el techo, se presentaba San Lorenzo con la foto de Jorge Mario Bergoglio en el pecho, el cardenal argentino que se convirtió en Papa el último miércoles, que nació en Flores y es hincha confeso del Ciclón. Todo se mezcló y el partido fue una confusión tras otra, cuando el fútbol en realidad es mucho más simple.

Colón y San Lorenzo jugaron más mal que bien. Casi no jugaron, corrieron mucho, chocaron otro tanto y se divirtieron poco, quedó claro. Un campo de juego con el césped áspero y largo que también conspiró con el andar de una pelota que dejaba dudas de ser redonda.

Durante el partido la atención y las miradas estaban puestas en otro lado, como si todos los presentes estuvieran esperando por un milagro, que el cielo se abriera y una luz blanca y amable los abrigara e ilumine. Y los futbolistas, mortales al fin, equivocaban el camino.

Fue todavía más confuso el desarrollo de un pobre partido cuando a los 32 del primer tiempo el árbitro Sergio Pezzotta decidió expulsar a Mauro Cetto, aparentemente por una protesta desmedida contra el juez de línea por una supuesta posición adelantada de Emanuel Gigliotti. San Lorenzo, el equipo del flamante Papa Francisco, se quedaba con diez jugadores y le pedía una ayuda a Dios, mientras la nueva imagen de la Virgen colgaba del techo de la platea local.

Fueron inútiles los cambios de Roberto Sensini y de Juan Antonio Pizzi (Lucas Mugni ingresó en el local, y Kannemann reemplazó a Alan Ruiz en la visita), se seguía jugando mal en el segundo tiempo. A pesar de las corridas de Buffarini o de Facundo Curuchet; de la potencia de Gigliotti o el manejo de Enzo Kalinski. Fue impotente el local aunque enfrentaba a un rival que jugaba con uno menos.

Sorprendió el gol de San Lorenzo, también el posterior triunfo del Ciclón en Santa Fe. ¿Quién lo hizo? No quedó claro. Fue un tiro de esquina desde la izquierda que ejecutó Buffarini y peinó Kannemann en el primer palo. Entre Kalinski y Rubén Ramírez (con el puño y contra su propio arco) decretaron el 1-0 visitante. Ni lo mereció más que Colón, ni lo buscó tampoco, pero el gol le cayó del cielo a San Lorenzo. Lo cierto es que el equipo de Pizzi se fue con los tres puntos de Santa Fe y habrá generado la sonrisa de Francisco, el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica; el mismo que nació en Flores y que viajaba en el subte A... ¿Mérito propio o intervención divina? Será cuestión de creer o reventar creyendo en otra cosa.

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