domingo, 31 de marzo de 2013

Racing pegó un grito sobre el final en La Plata


Los pibes languidecen en la noche de las diagonales. No brillan. Y Racing se muestra como un equipo indefinido. No asume su rol de candidato, no convence desde el juego, se aleja de la pelea grande. Sin embargo, encuentra una sorpresa en la vigilia de Pascuas. Rompe el cascarón de la defensa de Estudiantes y se va dulce de La Plata, como si hubiera comido un huevo del mejor chocolate. Engaña al paladar ese sabor del final. Por el condimento que le puso Cámpora, viejo goleador, a esa pelota que no terminaba de escaparse del área de Estudiantes, un rival futbolísticamente partido, herido por ocho fechas sin victorias y el ciclo de su técnico concluido.

¿Por qué no se soltó antes Racing? A veces parece atado a un laberinto táctico que no le permite liberar la frescura de esos pibes con notable potencial. De Paul es todo un testimonio del concepto. Agacha la cabeza, maldice al césped, se fastidia. Es un enganche devenido en carrilero que corre siempre de atrás, juega con el perfil cambiado y sufre contra la raya porque tiene mayores responsabilidades en la marca. Y por ahí mismo, donde debe colaborar con Cahais, se le filtró Jara. A sus espaldas buscó Estudiantes. Con algún estiletazo de Gelabert o el pase profundo de Román Martínez. Y aunque no llegó a ser un canto al desequilibrio, inquietó por aquel costado. Sin embargo, ninguna le quedó a Zapata, el expreso colombiano que encaró a todo vapor, exponiendo a Fernando Ortiz, especialmente.

Mario Bolatti resulta intrascendente si no se asocia a Mauro Camoranesi. Y el campeón del mundo tampoco logró dejar mano a mano a Luciano Vietto porque el mediocampo de Estudiantes mordió, presionó y recuperó con un volante que de Gil sólo tiene el apellido. Luis Fariña trasladó demasiado. Y el ataque de Racing se diluyó inexorablemente, de la misma forma que el entusiasmo se perdió en las tribunas de este estadio cargado de gente.

Recién consumida media hora, después de que Estudiantes buscó prevalecer con la circulación de la pelota pero sin generar sobresaltos en el área de Sebastián Saja, Racing se estacionó unos metros más adelante. Pero resultó demasiado light. Y el primer tiempo entró en una pendiente. No hubo emociones. Ningún remate al arco que mereciera un renglón en la libreta de apuntes.

Sobró tinta, faltó fútbol. Y el árbitro, a tono con el encuentro, no amonestó a Desábato por una violenta infracción de atrás a Camoranesi ni a Carlos Auzqui, que cruzó con demasiada vehemencia a De Paul, una jugada que no sólo no terminó con una amarilla para el chico; tampoco, con el cobro de la infracción.

La primera imagen del segundo tiempo mostró a Racing con total decisión. Iván Pillud, que de tanto tapar la subida de Jonathan Silva pareció un lateral más en vez de ese volante que imaginó Zubeldía desde el 3-4-2-1, cambió de frente, de derecha a izquierda. Vietto recibió solo y observó un rubio en el área. Su centro fue perfecto, el cabezazo de Bolatti, también. Pero más brillante fue el guante salvador de Agustín Silva. Resultó un espejismo ofensivo. Porque no hubo continuidad en el juego. Porque Fariña estuvo cada vez más cerca del área de Silva y más lejos de la pelota. Porque a Camoranesi, el físico no le respondió. Pero Zubeldía decidió el cambio con setenta minutos disputados.

Eso sí, el que lo reemplazó fue Cámpora. Y tras un par de atajadas importantes de Saja con esas manos que piden Selección, llegó el córner de Villar, otro de los ingresados. Y una serie de rebotes permitió que el goleador recuperara la memoria. Para la alegría celeste y blanca. Y para empezar a mirar, al menos de reojo, la punta de la tabla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Blogalaxia PageRank Google Este blog es parte de Buzzear (AR) vótame en cincolinks.com
Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More

 
Powered by Blogger