viernes, 18 de enero de 2013

El fracaso del Juvenil exige que se realice un replanteo a fondo


¿Si no se clasifican al Mundial es un fracaso? “No pienso en eso. Soy un ganador nato”. Así respondió Marcelo Trobbiani a la pregunta que Clarín le hizo en una nota previa al torneo. Nadie lo pensó. Jamás. En un grupo de cinco equipos en el que clasifican tres, la Argentina no podía quedarse afuera. Y ese fue el problema, quizá.

Que nadie en este Sub 20 pensó.

Entonces, la eliminación de ayer del Sudamericano -y por consecuencia del Mundial de Turquía- se escribe como un capítulo de fracaso en ese manual que no para de abrirse para sumarle páginas. Se puede hacer el corte que se quiera, en el momento que se elija, y empezar desde ahí a contar las causas de este presente. La fecha del 28 de octubre de 2008, tal vez, sea un buen punto de partida en la línea de tiempo. Ese día, Carlos Bilardo asumió el cargo de Director de Selecciones Nacionales y el Sub 20 venía de ser campeón del mundo en Canadá un año atrás. Con la firme decisión de sumar a la estructura de la AFA a la Generación del 86 , minó cada categoría de apellidos que formaron parte de la gloria en México, con Diego Maradona al frente de la Selección mayor que se estrelló en Sudáfrica 2010. Antes, Sergio Batista había fracasado al mando del Sub 20 en el Sudamericano de 2009 que se jugó en Venezuela, en donde no se obtuvo el pasaje para el Mundial de Egipto. Pero Batista, con el aval que le significó haber logrado el oro en los Juegos Olímpicos de Beijing, fue por su revancha en la Mayor en 2011 con el objetivo de ganar la Copa América en el país. Con Messi y compañía, la Selección quedó eliminada en cuartos de final ante Uruguay. El lugar del Checho en los juveniles había quedado al mando de Walter Perazzo, que en Perú 2011 logró la clasificación al Mundial de Colombia (fue eliminada en cuartos de final ante Portugal) pero se quedó afuera de los Juegos Olímpicos de Londres.

Al último tren se subió Marcelo Trobbiani en marzo del año pasado. Y consolidó un grupo para disputar cuatro cuadrangulares en La Serena, Valencia, Chaco y Sudáfrica. Con el objetivo de reinsertarse en el fútbol argentino, Trobbiani aceptó que le bajaran el pulgar cuando pidió tener a su hijo Pablo al lado. A la hora de armar la lista para este Sudamericano, hubo apellidos que se impusieron por actualidad, como Vietto y Centurión, que no habían formado parte del proceso. Otros, como Leandro Paredes, Lucas Ocampos o Bruno Zuculini, no tuvieron espacio. El técnico aceptó todo pero se cegó a la hora de armar el once. “Van a jugar los 5 fantásticos” le aseguró a Clarín días antes del inicio del torneo. Luego se quejaría del rótulo que, según él, puso la prensa. Pura confusión.

Ya en Mendoza, las cosas se complicaron.

Los entrenamientos no fueron buenos y más de un dirigente pidió que se cambiara el equipo.

Bilardo llegó en la previa al debut pero se fugó de la ciudad tras el 2 a 2 con Bolivia, no sin antes exponer su fastidio por ver un equipo desequilibrado. Germán Lerche, a cargo de la Comisión de Selecciones, también estuvo junto al plantel aunque en el medio también viajó para resolver cuestiones de su club. Inamovible, Humberto Grondona siempre sugirió un retoque. Y hasta hubo una discusión cuando algunos quisieron sacar al arquero Benítez para incluir a Mehring. Primero Trobbiani- a veces por detrás de Garré en las decisiones- se plantó, pero ayer dio el brazo a torcer. Todo un mensaje mientras se espera una salida (su contrato vence en marzo) que ya parece escrita.

“Realmente fue un fracaso”, reconoció anoche Garré.

Cansado de “apoyar a otros”, Humbertito adelantó que dejará el cargo de Subdirector de Selecciones porque “quiere dirigir”. Lo hará con el Sub 17 en abril, pero su idea es quedarse al frente de la Sub 20 que buscará el pasaje a los Juegos Olímpicos de 2016.

¿Y los chicos? Fastidiosos por su mal rendimiento y por cómo se diagramó la estadía (muchas horas muertas, malos lugares de entrenamientos y pocas variantes para distenderse), salieron a poner la cara ante Colombia con lágrimas en los ojos. “Es un gran fracaso”, afirmó Centurión. “Una gran desilusión”, blanqueó Vietto. “Es culpa nuestra”, sostuvo Alan Ruiz, “fallamos todos” contaron Lanzini e Iturbe. Esas cinco plumas delicadas y con futuro que sólo escribieron otro fracaso.

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