miércoles, 4 de abril de 2012

El Barcelona se metió en semis con dos goles de Messi


Que el Barcelona le haya ganado 3-1 al Milan, en el Camp Nou, por la vuelta de los cuartos de final de la Copa de Campeones, no es algo que deba sorprender. Que Lionel Messi haya sido el hombre de la noche catalana, una vez más, tampoco, ni mucho menos que esta brillante orquesta de la que lleva la batuta Josep Guardiola se haya metido nuevamente en las semifinales del certamen de clubes más importante.


Protagonista principal. Ese es el papel que tiene asignado Lionel Messi en el Barcelona, donde, no en vano ni de casualidad, utiliza la camiseta más emblemática que un equipo de fútbol puede tener: la 10.


De entrada, en la revancha ante el Milan en el Camp Nou, luego del empate en 0 en el norte de Italia, se vio que nuevamente el rosarino -cuándo no- sería el ancho de espadas de Josep Guardiola.


Un par de jugadas personales con el sello del rosarino, gambeteando en velocidad y soltando el zurdazo a la carrera le pasaron cerca al primer gol, que llegó a los 10 minutos, de penal, con una definición a sangre fría, suave y rasante a la derecha del arquero Abbiati.


Barcelona, como siempre, buscaba tocar y circular la pelota, para que sus hombres desequilibrantes jueguen mano a mano con los zagueros del Milan en los últimos metros, pero también se desguarnecía atrás, donde a la espalda del hoy lateral izquierdo, Caresl Puyol, mostraba algunos huecos. Por allí es que llegó el empate de Nocerino, que cruzó su remate para inflar la red luego de la asistencia de Ibrahimovic a espaldas de Puyol para asustar a todos los catalanes que fueron al Camp Nou, dado que con el 1-1 parcial, los que pasarían de ronda serían los hombres de Massimmo Allegri.


No duró mucho el llamado de atención, ya que de un tiro de esquina devino un agarrón de Nesta sobre Fábregas. Sobrevino la nueva definición de Messi desde los 11 metros, tan fría, tan rasante y precisa como la anterior, pero esta vez, cruzada.


Menos de diez minutos le llegó al Barcelona, en el complemento, marcar el 3-1. Un rebote de un tiro de Lio Messi le quedó, dentro del área y sobre la izquierda del ataque, a uno de los mejores socios de la Pulga, Andrés Iniesta, que con la claridad de siempre arqueó su cuerpo y definió suave con el borde interno de su pie derecho al segundo palo del impotente arquero italiano. En un nuevo gol del equipo catalán, Messi volvía a tener que ver.


Otra muestra de fútbol –casi- total de los hombres de Guardiola se vio a los 23, cuando Fábregas pinchó la pelota para Messi, quien recibió en la media luna, acomodó la pelota con el pecho, giró hacia la izquierda y habilitó con maestría a Thiago Alcántara, quien se llevó la pelota a la carrera y cruzó un zurdazo que salió apenas desviado.


Una vez más, a Messi le cupo el sayo de ser el hombre de la película, aquél de quien marca el camino, del que define con asesina sangre fría, del que ilumina con su magia, del que desborda con su velocidad, del que habilita con maestría a sus compañeros, y, por sobre todas las cosas, del que nunca se conforma y siempre, pero siempre, quiere más.

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