lunes, 9 de abril de 2012

Atlanta se tomó revancha y le impidió a River ser líder

El fútbol tiene esas cositas lindas que lo hacen diferente. Es un deporte que une y a la vez separa como pocas cosas pueden hacerlo. Y también consigue achicar distancias y, a veces, revertirlas. Mejor preguntarle a River y a Atlanta, dos equipos sin equivalencias, que en Liniers jugaron un partido diferente a sus realidades. Fue victoria para el Bohemio por 1-0 en Liniers. Sorpresa en cancha de Vélez.

Atlanta salió al José Amalfitani a jugar un partido muy diferente al del 7-1 de la primera ronda. Ese que River supo liquidar por el peso de sus individualidades en cada una de sus líneas, cuando el Bohemio todavía no se había despertado del sueño de jugar contra un grande. Esta vez, decidió asfixiar al equipo de Matías Almeyda.

River, con poco juego en sus últimas presentaciones, no encontró la forma de contrarrestar esa presión del comienzo. Y lo dejó crecer al Bohemio. Tanto, que hasta los 25 minutos, el conjunto de Carlos Roldán había sido el más claro. Y más aún, después de los 30, cuando llegó el golpe de nocaut para el Millonario.

En el medio, el trabajo de Gabriel López y Fernando Lorefice se imponía contra los intentos de juego de River. Cortando y siempre buscando la salida o el pase para los Sorianos, los dos volantes se empezaron a convertir en figuras. Y ni hablar del ex Independiente, que, a los 35, sacó un bombazo desde la puerta del área y clavó al ángulo el 1-0 para el Bohemio.

Se justificaba la ventaja. Atlanta jugaba un poco mejor y sabía como cortar los circuitos de un equipo sin brújula. Para mayor tranquilidad, cada vez que el Millonario cruzaba la mitad por el intermitente Alejandro Domínguez o por Carlos Sánchez, la defensa era la muralla que le impedía al rival llegar con peligro.

Las únicas de peligro en ese primer tiempo para River llegaron por los pies de Fernando Cavenaghi, con un toque por encima del arquero Fernando Pellegrino que no llegó a destino y un cabezazo de David Trezeguet, que se fue por arriba del travesaño.

Pero el Millonario iba a tener una oportunidad inmejorable. El árbitro Echenique cobró un penal inexistente por un supuesto agarrón de Martín Quiles contra Trezeguet y Cavenaghi tiró el remate por encima del travesaño. Parecía ser un quiebre antes del entretiempo para un Atlanta que aguantaba jugando un buen partido.

Y si algo le faltaba al primer tiempo fue una expulsión. A los 45, casi sin tiempo por jugar, Ramiro Funes Mori se cayó en la corrida a la que lo obligó Abel Soriano y lo tocó de atrás cuando estaba cerca del área. Echenique vio la infracción y le mostró la roja por ser una jugada de último recurso. Encima, en el tiro libre, casi Lorefice convierte el segundo.

Con un hombre menos, Almeyda metió mano para el segundo tiempo. Mandó a la cancha a Martín Aguirre y decidió sacar, otra vez, al Chori Domínguez. Pero se equivocó. Perdió el juego y Atlanta, con un hombre más, hizo suyo el partido.

Cada intento tibio de River se convertía en una contra para Atlanta, que si no lo liquidó fue porque falló en cada uno de sus intentos. Lo que sí está claro, es que tuvo muchos y merecía una ventaja mayor.

Cerca del final, Rogelio Funes Mori casi lo empata. Sacó un remate desde lejos y la pelota se estrelló en el travesaño. Pero Abel Soriano respondió con la misma medicina. Otro disparo desde afuera y otra vez el palo de arriba como protagonista.

El partido se fue y el Bohemio festejó una victoria impensada después de aquél 7-1. Le sirve, claro, en su pelea para mantener la categoría. Algo muy diferente a lo que vive un River, que pese a la derrota y a mucho por mejorar, sigue luchando por conseguir un ascenso directo. Por un rato, los roles se dieron vuelta en Liniers.

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