viernes, 23 de marzo de 2012

Vélez se desahogó en el final y quedó a un paso de octavos

Vélez se pareció a la versión de Los Caballeros de la Angustia del siglo XXI. Pero, a diferencia de aquella Máquina de River de los años 40, que según cuentan las crónicas de la época hacía los goles cuando quería, alcanzó el desequilibrio cuando pudo, justo dos minutos antes del pitazo final. Aunque lo mereció largamente, le costó mucho superar a Deportivo Quito y así sumó tres puntos fundamentales para afianzarse como líder del Grupo 7 y quedar bien parado de cara a la clasificación a la próxima ronda.
Vélez tiene un estilo de juego claramente reconocible: circulación de pelota, cambios de frente, búsqueda ofensiva. Esa impronta tiene dos caras. Una, la que mostró en los primeros partidos del año e incluso en el último encuentro ante Unión, la de la contundencia en el arco rival. Y la otra, un excesivo celo por tratar de definir todas y cada una de sus situaciones de gol en el área chica, pero sin poder quebrar el arco rival. Algo de esto último le pasó durante buena parte del partido de anoche. Y la cara que sigue sin mostrar es la del remate de media distancia, su cuenta pendiente.

Anoche dispuso de la posesión de la pelota durante casi todo el desarrollo ante un rival que llegó a Liniers con una línea de cinco defensores y la clara intención de cerrarle los espacios y luego intentar acertar en algún contragolpe. Y en los primeros doce minutos Vélez se pareció mucho a un aluvión: generó cuatro situaciones de gol, una de ellas el gol que el brasileño Wilson Seneme le anuló a Augusto Fernández por una posición adelantada de Mauro Obolo que no existió.

En ese lapso resultó fundamental la tarea de Augusto Fernández, quien en su regreso demostró que su presencia sobre el costado derecho del mediocampo pueda resultar muy valiosa. El pergaminense desequilibró constantemente con su gambeta y le dio frescura a los ataques por ese andarivel.

Pasado ese tramo en el que Vélez no logró hacer la diferencia, Deportivo Quito se acomodó mejor. Y en ello tuvo bastante que ver el movimiento táctico que hizo Carlos Ischia, quien mandó a Mauricio Folleco a patrullar desde cerca los movimientos de Fernández. Vélez perdió claridad y empezó a incurrir en algunas imprecisiones que le nublaron el camino.

Sobre los 23, una réplica visitante terminó con un remate de Matías Alustiza que obligó a una buena intervención de Barovero.

Antes del cierre de la etapa inicial, Federico Insúa quedó solo ante Elizaga pero resolvió mal.

Después del descanso, el desarrollo siguió siendo bastante parecido al del tramo final del segundo tiempo: Vélez buscando, aunque no siempre con la imaginación deseada, y el equipo ecuatoriano esperando. A los 9, Vélez se lo perdió tres veces en la misma jugada: Elizaga le tapó un tiro a Insúa, el palo devolvió un remate de Augusto y luego Isaac Mina despejó un disparo de Obolo.

Deportivo Quito sólo lo inquietó con otro remate de Alustiza ante el que Barovero volvió a responder bien, a los 19. Y Vélez siguió yendo y yendo. Cuando parecía que la desesperación le haría resignar dos puntos, Fernando Ortiz bajó de cabeza un centro de Sebastián Domínguez (antes había pegado un trompazo descalificador) y Juan Manuel Martínez le dio el triunfo con un zurdazo muy festejado.

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