domingo, 25 de marzo de 2012

Unión goleó en Avellaneda y salió de la zona caliente

En el cumpleaños 109 de Racing, no habrá torta ni rostros felices. No habrá festejos, en definitiva. Y eso que estaba pronosticado un día bien alegre. Parecía haber comprado todo el cotillón para celebrar a lo grande. Parecía que su equipo volvía a prenderse en ese pelotón de los que quieren pelear arriba. Parecía que con el regreso de Giovanni Moreno encendería más luces. Parecía que anoche, en su casa, podía ratificar su camino de victorias iniciado dos jornadas atrás. Todo parecía, pero se encontró con un Unión que, en su afán de evitar el descenso, lo sorprendió en el comienzo y dejó en evidencia sus innumerables carencias.

Once segundos. No existen los merecimientos en ese lapso. Once segundos. Todavía se veía el humo de los fuegos artificiales que iluminaron Avellaneda antes del primer pitazo de Carlos Maglio. Once segundos tardó el equipo de Frank Kudelka en abrir el marcador. En once segundos, este partido pareció dejar de ser normal. Sebastián Saja, el capitán, la figura, el que nunca duda, dudó en la primera jugada de la noche, y Matías Martínez terminó empujando el balón para que ingrese a su propio arco. De esta manera, Unión, con ese grito deseado pero inesperado, potenció su estrategia: plantarse firme atrás y jugar de contra ante un Racing que venía entonado por sus victorias ante All Boys y Olimpo, las dos por 3 a 0.

La vuelta de Giovanni Moreno (ausente los dos últimos encuentros) perjudicó futbolísticamente a los dirigidos por Alfio Basile. Contradicciones en las palabras: el máximo generador de juego le quitó juego al equipo. Con Gio en la cancha, su compatriota, Teófilo Gutiérrez, perdió ese rol protagónico que había tenido en las dos anteriores felices presentaciones, en las que, retrocediendo en el campo de juego, el delantero colombiano volvía a reconciliarse con su nivel. Anoche, en ataque, la situación fue muy diferente: los recursos de los locales para generar peligro en el arco de Enrique Bologna fueron tiros desde larga distancia: a los 13 minutos probó Patricio Toranzo, a los 16 Iván Pillud y a los 18 fue el turno de Lucas Castro. Ninguno encontró la red.

Unión, para colmo, no sólo se aprovechó de las carencias ofensivas de sus rivales, también le sacó el jugo a los errores defensivos. Toranzo se iba para el mediocampo, más cerca de Agustín Pelletieri, dejando solo a Pillud por la banda derecha. Kudelka, atento, mandó a Paulo Rosales por ese sector, y la visita comenzó a obtener sus frutos. El segundo gol surgió allí, en esa porción de la cancha. Y fue una joya: lindo pase de Rosales, lindo pase de Diego Jara y linda definición de Jorge Velázquez para el 0-2 y para otra contradicción en las palabras: el equipo santafesino, hasta ese entonces, pateó una vez al arco y metió dos goles.

La diferencia se pudo ampliar cerca del final de la primera etapa, cuando Bologna desperdició un tiro desde el punto de penal. La diferencia se amplió a los 3 minutos del segundo tiempo, gracias al cabezazo de Jara y a la pasiva marca de Matías Martínez.
Los tres goles sentenciaron el partido. Poco importó la expulsión de Juan Pablo Cárdenas, a los 9 de la segunda parte. Poco importó que Basile, en el entretiempo, haya apostado por Federico Santander y Bruno Zuculini (en lugar de Moreno y Toranzo) para juntar a los once nombres que le habían dado los triunfos en este Clausura. Poco importó el penal a favor, ese intento de resurrección, que Teófilo Gutierrez no pudo canjear por gol. La derrota ya estaba sellada.

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