sábado, 1 de octubre de 2011

Torneo Apertura Argentinos amargó a Belgrano y pudo cantar victoria


Cosas del destino. En este suelo, allá por el 2004, Argentinos festejó ante Talleres el ansiado ascenso. Anoche, a siete años de aquella hazaña, quiso el fútbol que La Paternal volviese a regocijarse con los duendes del éxito. Argentinos bajó a Belgrano. La noticia, sin embargo, es que ganó después de diez fechas. Tenía que salir de perdedor. Y lo hizo.
Argentinos, apenas nació el partido, izó la bandera de la audacia. Salió del vestuario con hambre y se devoró a Belgrano. Lo asfixió y, con esos espacios, oxigenó su juego. Fue apenas a los cuatro minutos cuando se dio el gran gusto. Oberman lanzó un corner que bajó Sabia de cabeza. La pelota parecía de Olave, pero dudó. Morales, en el área chica, anticipó a Mansanelli y le puso su frente al gol. 1-0 y el estadio en mute. El cimbronazo dejó groggy al local. Y Argentinos su hora (veinte minutos, en realidad) de fútbol. A todo vapor. Pudo haber aumentado Berardo, aunque su testazo se fue cerca del poste.
Sólo era cuestión de acertar la mano. Argentinos, a la vista estaba, tenía la mano pesada. Proponía el palo por palo. Era más ordenado tácticamente. Y se tenía fe porque el recorrido de Oberman y Rius, por ambos andariveles, era mucho para la quietud de Turus y Quiroga, que se veían desbordados. En Belgrano, para colmo, el Mudo Vázquez no encontraba dialogar con nadie. Es que entre Basualdo, Laba y Brum lo rodeaban y lo dejaban si interlocutores a la vista. Así y todo, el local, empujado por su gente, fue y fue, con más ganas, que ganancia. Lo tuvo dos veces. Primero, con un centro de Mansanelli, desde la derecha, que no llegó a conectar Teté González. Y después, cuando se moría la primera parte, el mismo González casi sorprendió a Nereo Fernández, peinando un lateral. No pasó más. Porque los pelotazos, casi siempre de Ribair Rodríguez y Mansanelli, le generaron complicaciones al solitario César Pereyra.
En el complemento, Zielinski intentó torcer el rumbo, con los ingresos de Almerares, por un tibio Mancuello, y Maldonado por un flojo Quiroga. La visita, sin embargo, apostó a la contra y ganó. Volvió a madrugar. Esta vez fue con una obra de arte.
Morales arrancó en su campo y se la tocó a Rius que tras una diagonal formidable, se la pasó a Brum, que solito y solo por izquierda, sacó el guante y desde afuera del área, con la cara interna del pie derecho, metió un chanfle para la posteridad. Lo que vino después, fue la antítesis. El ingreso de Almerares le dio a Belgrano la cuota de ofensividad que adeudada. Hubo dos cabezazos. Uno de Teté González y otro de Turus, pero Nereo Fernández le bajó la persiana. Descontó gracias a Almerares, que capitalizó, debajo del arco, la producción de Maldonado por izquierda. Y Argentinos, peligrosamente, aguantó ante un equipo con personalidad, pero sin fútbol. Igual, le alcanzó. Lo ganó. Fue justo, esa justeza que hacía tiempo no le era justa.

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