sábado, 15 de octubre de 2011

Salgueiro desató el festejo y el desahogo de San Lorenzo


A veces, importa más el fondo que la forma. Hay días en que a la gente únicamente le interesa el qué porque prescinde del cómo. En el párrafo anterior se resume la realidad de San Lorenzo: a todos, jugadores, cuerpo técnico y público, estos tres puntos ante Banfield son un calmante que durará al menos diez días, lapso durante el cual se tratará de mejorarlo atrás, en el medio y adelante.

Este San Lorenzo que es una contradicción permanente como institución, no podía ofrecer una cara diferente en su equipo. Por eso este San Lorenzo, preparado en la ocasión para ser más ofensivo que su rival, con tres defensores, cuatro medio campistas, un enganche y dos puntas, terminó siendo en la primera mitad menos picante en ataque que un oponente que se plantó con una línea de cinco en defensa.

Una pregunta no tuvo respuesta durante aquel lapso: ¿para que Asad le destina a Romagnoli la función de enganche si al Pipi la pelota que más cerca le pasó no fue a menos de cinco metros? Al fin, otro detalle inentendible: San Lorenzo juega con un armador que no arma, tiene un enganche que no engancha y muchos miran al Pipi como un creativo pero el talento de Boedo no tiene oportunidades de demostrarlo.

Banfield, por el contrario, fue más cuando en la previa pareció que iba a ser menos. Bastante seguro atrás y con salida por las bandas con Toledo y Tagliafico, La Volpe distribuyó así los roles en la mitad de la cancha: Quinteros fue músculo y presión, Acevedo se encargó del primer pase, De Souza se ocupó de conducir y Jonathan Gómez fue como la explosión misma. Durante el primer tramo falto el aporte goleador del Chucky Ferreyra, quien anduvo como desconectado del resto.

Quinteros se había perdido un mano a mano con Champagne, un cabezazo de Víctor López -que rozó en Tula- terminó estrellándose contra un poste, a Gómez le atajó Champagne un remate que pedía red y el ex jugador de Rosario Central impactó su derechazo contra el palo de la mano derecha del arquero.

Sobre la media hora hubo un claro gesto para Asad de parte de Bottinelli, permanentemente desbordado por Quinteros, De Souza o Gómez, para que pasaran de la defensa con tres a línea de cuatro. El técnico, también con un gesto contundente, respondió que no, que todo siguiera así. A esa altura de la noche, el Ciclón vivía del recuerdo de lo que pudo ser y no fue, con aquella temprana aparición de Gigliotti que perdió en el mano a mano contra Lucchetti.

Poco pasaba en el complemento cuando llegó la definición. Porque Banfield se confundió y pensó que el triunfo llegaría en el próximo error del local. Hasta que Bazán confirmó que es mucho más atacando que defendiendo, metió un buen centro y Salgueiro vulneró a Lucchetti con un derechazo que se desvió en Víctor López.

En el momento más inestable de su etapa en el club, Asad recurrió a tres pibes (Gutiérrez, Benítez y Bozzoni Ruiz) para robustecer una estructura que hace agua por todos los costados. Y acertó para sumar algo de tranquilidad. Es que a veces, las formas son lo de menos y todo empieza y termina en un triunfo que alegre la jornada.

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