lunes, 3 de octubre de 2011

Independiente puso piedras en el camino de Racing


En el Cilindro de Avellaneda, el clásico se jugó de mayor a menor y la historia terminó sin vencedores. Racing lo ganaba por un tanto de Gabriel Hauche antes del primer minuto de juego, pero Independiente se recuperó y sin perder la paciencia llegó al 1-1 por Facundo Parra en el primer tiempo.
Los pronósticos de un Racing arrollador ante un Rojo desnutrido recibieron un guiño en el vertiginoso comienzo de partido. Cuando se jugaban segundos, la Academia atacó y ganó un lateral en zona de ataque. Extrañamente, Giovanni Moreno se encargó de ejecutarlo y con sus manos tiró un centro al área. Teo Gutiérrez puso el cuerpo, Gabriel Milito no supo rechazar y Hauche apareció, tras un rebote en las manos de Fabián Assmann para convertir el 1-0 a los 55 segundos.
Pero Racing tiene un sistema automatizado. Hace un gol e inmediatamente se repliega. Cuesta entenderlo, porque tiene el poderío para lastimar y meter el dedo en la herida del rival. Pero lo hace de manera instintiva. Porque no se explica que tras haber convertido al minuto del partido, con todo un partido por delante y en su propio estadio, el equipo de Simeone se haya refugiado en su cueva, esperando a Independiente.
Fue así que el Rojo creció. Más porque Racing lo dejó que por iniciativa propia. Porque tras el golpe que recibió a los segundos de juego, hizo su duelo sin desesperarse, con un rival que decidió no molestarlo para que se le pase rápido el dolor de un gol prematuro.
Y por la izquierda nació el juego de Independiente. Osmar Ferreyra se empezó a asociar con Patricio Rodríguez y Facundo Parra para llegar siempre al fondo y tirar el centro a buscar una cabeza cualquiera. Y Racing lo dejó. Así fue que lo terminó lamentando, porque el fútbol del Rojo, sin ser una maravilla, comenzó a ganar terreno e intentó aprovechar la pelota parada en las tantas faltas que los defensores de la Academia cedieron cerca del arco de Sebastián Saja.
Ese gol de Hauche a los 55 segundos pareció ser un recuerdo de otro partido. Y el Rojo se olvidó de las desgracias de un semestre para el olvido y decidió empatarlo. Eduardo Tuzzio sacó un remate bajo, que en el camino encontró alguna pierna de los defensores para chocar en las manos de Saja. En el rebote estaba muy bien parado Parra para apenas empujarla y anotar el 1-1.
Hasta entonces, la única feliz aparición de Gio había sido la del lateral que terminó en gol de Racing. Y no iba a haber más que eso para él. Teo, su compatriota, casi no tocó la pelota dentro del área en el primer tiempo. Y cuando los colombianos no juegan, el fútbol desaparece en la Academia y todo se vuelve garra y empuje, donde crece la polenta de Hauche o las corridas de Lucas Licht.
Fue justamente Licht el que se transformó en la salida, casi única de la Academia. El segundo tiempo volvió a mostrar a un Gio intrascendente por la derecha, siempre bien rodeado por Fernando Godoy y compañía y a un Racing que comenzó algo retrasado por méritos de Independiente y que luego se adelantó cuando se dio cuenta que el Rojo ya no lastimaría.
Simeone mandó a la cancha a Valentín Viola y Racing encontró una nueva opción por la derecha. Salió Gio y también entró Pablo Lugüercio. Y la Academia terminó por arrinconar a Independiente. La más clara, algo sucia, fue tras un corner desde la izquierda por parte de Licht, que Yacob no logró embocar en el arco de Assmann tras una serie de rebotes dentro del área.
El Rojo terminó replegado y casi lo pierde. Saja sacó desde el arco, Teo le ganó con el cuerpo a Milito y quedó mano a mano con Assmann. Pero la velocidad de la pelota no acompañó al esfuerzo del colombiano, que igualmente sacó un remate muy desviado.
Racing terminó lamentando el empate. En definitiva, si esta tarde no se llevó los tres puntos en el clásico fue por aciertos y errores propios. Errores como retrasarse automáticamente cuando gana, que viene pagando caro en un torneo que lo tiene invicto, pero cada vez más lejos de Boca. Independiente se fue con una pequeña sonrisa del Cilindro. El clásico dejó una deuda en Avellaneda.

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