jueves, 13 de octubre de 2011

Copa Sudamericana A Independiente no le alcanzó para clasificar

Al menos merecía definir la llave por esa vía. Lo buscó denodadamente pero no lo consiguió. Fue más que esa versión deshilachada de Liga. Sin embargo se quedó sin nada. O mejor dicho se quedó cubierto de desazón. Porque rápidamente entregó la corona de campeón y porque además anoche terminó un año en el que sólo acumuló frustraciones coperas. Quedó eliminado en primer ronda de Copa Libertadores, perdió en Japón la Suruga Bank con Jubilo Iwata y la Recopa Sudamericana con el Inter de Brasil. Ganó 1-0 pero no le alcanzó por aquél revés de dos tantos que trajo de Quito. Se fue envuelto en aplausos y ahora le queda únicamente empezar a ganar en el torneo doméstico para no tener sobresaltos a futuro.

En el comienzo del partido, cada uno se movió en relación al resultado del cruce en Quito. Apurado por empezar a revertir aquel 0-2, Independiente salió impulsado por una destacable presión física y una generosa actitud anímica. La Liga por el contrario -reconociendo que ya no es la formación sólida y homogénea de tiempos cercanos- demostró desde el primer minuto que su mayor ambición era quemar minutos.

Antes de cumplirse el primer minuto el Patito ya había probado al longilíneo Domínguez. Después, un bombazo de Núñez de tiro libre, que el arquero desvió con una plástica volada, y un zurdazo desde afuera de Milito confirmaron que mientras uno iba e iba, el otro resistía como podía.
El primer mérito del equipo que conduce Ramón Díaz fue la respuesta física que mostraron los jugadores. La generosa prestación individual y colectiva de jugadores como Julián Velázquez y Leonel Núñez, por ejemplo, fue la confirmación de que ahora el plantel está afinado en ese aspecto.

Otra vez estuvo cerca el Rojo de abrir el marcador sobre el minuto 17, cuando Defederico devolvió una bola de modo exquisito y Rodríguez obligó a Domínguez a realizar una buena intervención. Liga cortó la presión de Independiente con una indisimulable intención de "hacer" tiempo.
La gran carencia de Liga fue su anemia ofensiva, representada por absoluta soledad con que Hernán Barcos se movió en la zona de Tuzzio y Milito, quienes se bastaron cómodamente para controlar al delantero argentino.

Finalmente, más temprano que tarde, la Liga recibió el castigo por esa decisión de jugar a no jugar. Porque el derechazo de Núñez que sobre el final de la primera mitad hizo gritar a una parte de Avellaneda -previo desvío en la cabeza de Guagua- se produjo en un lugar donde Urrutia debía estar marcando o controlando al autor del disparo. ¿Por qué no estaba? Porque el árbitro Buitrago no le permitió reingresar a la cancha luego de que el medio campista fingiera una infracción.

El segundo tiempo fue, ataque más, ataque menos del Rojo, una continuidad de lo que había sucedido en el segmento de apertura. Tal vez haya perdido algo de intensidad en ataque, pero Ramón Díaz, desde los cambios, fortaleció la idea de llegar por lo menos a la definición con tiros desde el punto del penal. Eso y no otra cosa fue el ingreso de Ferreyra por Argachá y la entrada de Nieva por un media punta como Defederico.

Justamente fue Defederico quien a los 24 minutos dilapidó una chance que nunca más se iba a presentar. Velázquez metió un centro a ras del piso, Domínguez dio un rebote corto pero el arquero se recuperó al bloquear un zurdazo a quemarropa de Defederico.

Liga tampoco se inmoló en la ruta hacia Assman pero al menos metió un par de contras inquietantes. El argentino Acosta exigió al arquero y una maniobra individual de Barcos terminó con una resolución sin puntería.

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