domingo, 22 de mayo de 2011

Vélez, muy firme en la punta

Vélez salió a la cancha dispuesto a cerrar una estupenda semana. Por eso la decisión de Gareca de poner toda la carne en el asador en Liniers pese a que el jueves tiene un choque clave contra Peñarol en Montevideo por la ida de las semifinales de la Copa Libertadores. El técnico del puntero no dudó y se inclinó por el trío ofensivo más desequilibrante del fútbol argentino (Maxi Moralez, el Burrito Martínez y Silva) para enfrentar a un Gimnasia necesitado de puntos y que pelea un mano a mano con Huracán para evitar el descenso directo. 

Ya en el comienzo, Vélez mostró sus credenciales. Con rotación, con proyección y con muchísima ambición. A los 6, Martínez cabeceó por arriba tras un desborde de Augusto Fernández. Luego, Moralez se escapó, tiró un centro y Fontanello despejó cuando se relamía Silva. El Chapa Zapata, a los 24, armó un jugadón por la izquierda y habilitó a Augusto. Pero el volante de pasado riverplatense la tiró a las nubes desde la puerta del área chica. 

El premio llegó, finalmente, a los 25, cuando el uruguayo Silva recibió un pase largo y encaró. Antes de pisar el área levantó la cabeza y sacó un tiro de emboquillada que superó la estirada de Monetti. Un golazo para establecer justicia. Con la ventaja, el puntero levantó el pie del acelerador. Y le cedió la iniciativa a un Gimnasia al que no se le cayó una idea y dependió en exceso de la magia de Guillermo Barros Schelotto. Pero no era la tarde del Mellizo. Ni de Gimnasia. 

Era la tarde de Vélez, que jamás evidenció muestras de cansancio tras su exitoso paseo por Paraguay, donde venció 4-2 a Libertad. Con un Zapata iluminado y generoso, monopolizó la pelota y no tardaron en llegar las chances de gol. Augusto casi lo grita tras una habilitación de Silva, pero el arquero Monetti le extirpó la pelota cuando el volante se iba al gol. La ilusión del Lobo se empezó a derrumbar cuando el técnico Ortiz reemplazó a Guillermo por Córdoba. Toda una señal.


Pero Vélez nunca frenó su andar. Silva y Augusto Fernández avisaron con tiros de media distancia. El 1-0 le quedaba chico al partido, no establecía la real diferencia entre el candidato al título y el que pelea por no descender. Pero tanto fue el Fortín que, casi sorpresivamente, llegó el penal que le dio el alivio. El árbitro Loustau, el mismo que ignoró varios penales en el Superclásico, sancionó la pena máxima tras un agarrón del juvenil Oliver Benítez a Moralez. Al Enano no le importó. Le dio al palo derecho de Monetti para el 2-0.

El final fue una fiesta en Liniers. Porque los hinchas disfrutaron del toqueteo de los jugadores de Vélez. Porque Vélez estiró la diferencia con Godoy Cruz, el escolta. Porque el equipo está sólido y viajará con el ánimo por las nubes a Uruguay. Y porque Vélez juega bien. En Gimnasia, la realidad es diferente. Sigue complicado con el descenso aunque el presente negro de Huracán lo mantiene con vida. 

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