domingo, 22 de mayo de 2011

Independiente logró un triunfo que suma


De repente, Independiente se convirtió en el cazador de sus propios fantasmas. Cuando parecía que la Promoción comenzaba a formar parte de su diccionario y de su horizonte cercano, ofreció coraje, autoridad y ratos de buen fútbol. La primera escala de este recorrido fue la semana pasada, en Bahía Blanca, ante Olimpo, un rival directo en la incómoda lucha por la permanencia. La segunda sucedió ayer, en el Libertadores de América, frente a Colón. Ganó los dos partidos, le sacó seis puntos a River, que está en la zona de Promoción, y mantiene a siete equipos por debajo en la tabla de los promedios. No sólo eso: anoche, Independiente exhibió -sobre todo en el primer tiempo- un rendimiento cercano al de su mejor versión del ciclo Mohamed, aquella que le permitió volver a sentirse Rey de Copas, en la Sudamericana del año pasada. Así, casi sin darse cuenta, quedó a cinco puntos del líder Vélez. Así, demostró que la caída en el clásico de Avellaneda frente Racing sirvió de impulso: desde entonces, Independiente no perdió y reestableció el rumbo.
Más allá de esos cinco minutos inaugurales en los que Colón se mostró más ambicioso e intenso, Independiente fue el dueño de la primera mitad. Quiso más y fue más. Tuvo lucidez para manejar la pelota y constancia para ir tras los pasos del gol. Contó, además, con rendimientos individuales valiosos, sobre todo en la generación de fútbol: Hernán Fredes, Patricio Rodríguez y Leandro Gracián.
Por momentos, Independiente lo borró a Colón del campo de juego. Y en una ráfaga en la que exhibió las grietas defensivas del equipo de Santa Fe, le sacó dos goles de ventaja, entre los 19 y los 22 minutos. Primero, con una jugada de Patito Rodríguez -quien jugó como segundo delantero y resultó tan desequilibrante como en la fecha- que derivó en un centro y en un cabezazo de Facundo Parra, que se transformó en gol luego de pegar en el travesaño. Después, con otra gambeta supersónica de Patito y otra definición precisa. Dos a cero. Consecuencia razonable de lo que pasaba en el terreno.
No cambió demasiado el partido luego de esa diferencia. Porque Independiente hizo una lectura acertada del partido: para vulnerar a Colón había que ir a buscarlo. Y eso hizo. En consecuencia, estuvo a punto de irse al descanso con una goleada tranquilizadora. Pero eso no sucedió...
Y muchas veces el 2-0 no ofrece garantías, menos para equipos en días de necesidad. Por eso, el descuento -a través de Esteban Fuertes, a los 18, de caño, tras un pase de Damián Díaz- nació como una inquietud y como una amenaza. Caso curioso: era la primera llegada de Colón.
A esa altura Independiente no parecía ni un poco al que había entusiasmado en el primer tiempo. Ya no tenía ese afán de búsqueda, ya no inquietaba. Retrocedió unos metros y le abrió las puertas del empate a un Colón que hacía tan poco parecía deshecho. Incluso, el equipo de Mario Sciacqua estuvo muy cerca de igualar. Pero Joaquín Larrivey, solo ante el gol, pateó por arriba del travesaño.
Recién sobre el final, regresó el Independiente que merece aplausos. Estuvo cerca de liquitdarlo de contraataque. Pero recién a los 41, a través de un rebote capturado por Andrés Silvera, estableció la ventaja definitiva. Era un premio justo, claro. Pero sobre todo una tranquilidad para mirar la tabla paralela sin temores.

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