domingo, 3 de abril de 2011

Tigre fle gano a Racing en un partido caliente


Cómo se hace para pasar de jugar bien a perder y dejar una imagen borrosa de lo que se es? Es Racing. Un equipo que pinta un cielo de colores con lindas asociaciones en el toque y que, también, se llena de nubarrones por errores propios y decisiones del árbitro. Así, con ese banquete en la mesa, Tigre hace su gracia y con poco se lleva un triunfo tal vez impensado.
La tenencia de la pelota como elemento fundamental del juego y de su idea. La profundidad en ese control del balón como estrategia aguda para ser punzante en ataque. Y el desencanto por no llegar a ese pase a la red tan merecido. Eso es Racing cuando el partido camina en los parámetros lógicos ante Tigre. Con Gabriel Hauche como abanderado de cada jugada ofensiva -en esa primera etapa llega ocho veces a situación de gol y en cinco participa el Demonio-, con Claudio Yacob como Yacob y en un bolo de lo que es capaz de ofrecer Patricio Toranzo, y un equipo que lleva una identidad que no se desmorona pese a la doble derrota consecutiva. Sin embargo, todo eso se cae en pedazos en tan sólo un ratito, nada más.
De vez en vez, el fútbol no es lógico. O, por lo menos, no traduce al idioma original lo que se lee en un campo de juego. ¿Qué hace Tigre para llegar hasta el arco de Roberto Fernández? Mariano Pernía se encuentra con una pelota en posición de remate y su zurdazo se cuela alto, arriba del paraguayo que reemplaza a Jorge De Olivera. Un golpe, del que el equipo que dirige Miguel Russo intenta recuperarse otra vez con la pelota en los pies. Quizás, un poco más acelerado que de costumbre -sin Toranzo, su pensador, y con la energía desordenada de Zuculini-, pero con la idea madre como argumento. Daniel Islas se lo saca Hauche, como antes lo hace con Teófilo Gutiérrez y un poco más acá a Lucas Licht. Justamente, el ex Getafe, un hombre clave en el desenlace del partido.
La expulsión, infantil, de Licht lo pone a Racing con uno menos y un montón de energías gastadas en la cáscara y no en el carozo. Entonces, todo eso del vuelo en el juego y de la ambición de llegar hasta el arco con una ideología marcada queda algo endeble. Más aún, cuando en el comienzo del segundo tiempo cae un gol que no sólo duele por el 0-2. La responsabilidad del nuevo arquero queda al desnudo. Así, desde los seis minutos de capítulo final, Racing empieza a jugar sin confianza en el arco y en la defensa. En los nervios tal vez se encuentren razones para entender por qué le pasa lo que le pasa a un equipo que apuesta al buen fútbol para ir a ganar.
La mirada de Tigre sobre este partido es transparente desde el comienzo. Sale a ver qué hace Racing. Y, en base a la propuesta del local, acomoda las fichas para ver cuándo y por dónde ir a jugar una partida chica. El gol de Pernía, la confusión a partir de la expulsión, el nuevo error del flamante arquero y una marca celosa a los generadores del fútbol de los de Russo le simplifica un partido que de entrada tiene color y olor a fiesta para los de Avellaneda. Aroma que se reflota con el cabezazo de Yacob para el descuento. Pero que se esfuma con la patada de Luis Fariña a Martín Gómez y una nueva expulsión. Con nueve, y con la cabeza puesta en el barullo de un Cilindro que se quiere tragar a Saúl Laverni Racing pierde sólo.
Entre el sol y la luna, Racing. Un equipo capaz de la ilusión a partir de sus argumentos con la pelota, pero que pierde en casa y altera sus sentidos porque no pone pausa y pelota al piso.

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